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Manual Samurai : El Inicio


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Cap1 El inicio del Samurai Cap2 Primera Lección Samurai Cap3 Goletas Samurai Cap4 El increible Golpe del Samurai Cap5 Construyendo el Templo Cap6 El sembrador
Cap7 La Entrenadora Cap8 El Viejo Sabio Cap9 El mercader Cap10 El negociante Cap11 El cocinero Cap12 Chang, el samurai obscuro
Epilogo

Manual Samurai Capítulo 10 - El Negociante

Hacía un hermoso día, el cálido sol de medio día calentaba los viejos huesos de Otark.

El viejo negociante estaba sentado delante de la puerta de su negocio, una suave brisa marina traía el dulce aroma del mar y el experto comerciante disfrutaba de este momento de paz escuchando los aterciopelados sonidos de las gaviotas mientras admiraba su blanco plumaje contra el cielo azul.

Su lujoso comercio tenía fama en toda la región como el más completo... y caro. Los precios de Otark duplicaban y triplicaban los del resto de comerciantes de la región, sin embargo la extrema calidad y finura de sus productos atraía a innumerables clientes todos los días. El experto negociante les atendía a todos personalmente, o así había hecho durante toda su juventud, y rara era la vez que salía un solo cliente de su comercio sin una cara alhaja y una gran sonrisa en su cara. Sin embargo por lo que era famoso Otark no era ni por sus riquezas, ni por la finura de sus telas o por la calidad de sus productos. El viejo Otark era conocido por su gran corazón en toda la región, había ayudado a un sinnúmero de necesitados durante su larga vida, y aún ahora, con sus viejos huesos doloridos, todos los meses repartía personalmente una buena parte de sus ganancias. Nunca permitía que un sólo niño se quedara con hambre o que un mendigo pasara frío por la noche.

Mientras pensaba en esto, se fueron acercando unos sonoros pasos, firmes y orgullosos, un sonido que el viejo negociante identificaba como el andar de los soñadores, de los triunfadores y de las personas acostumbradas a conseguir sus metas. El experto comerciante abrió los ojos para recibir alegremente a su futuro apoderado cliente para encontrarse... con un muchacho de la edad de sus nietos!!!

Otark conocía a este muchacho vestido con ropas de Samurai , era el hijo de Kazo, el general de generales Samurai. Quizás el cliente del viejo negociante que mayores riquezas poseía, y uno de los pocos que le superaba en oro y joyas.

- Buen día Kan! ¿Qué feliz viento te ha traído a hacer compañía a este pobre anciano? – Pronunció el experto negociante con una sonrisa en la cara que era reflejo de su enorme corazón.

- Saludos Otark! - dijo Kan usando el saludo formal entre Samurais - Me traen dos vientos distintos – contestó devolviendo la sonrisa - el primero de los vientos quiere comprarte una botella del mismo vino que te compra mi padre. Y el segundo – continuó el joven Samurai mirando directamente a los azules ojos del anciano - quiere pedirte un favor.

- En esa estantería tienes el fino vino que tu padre me compra para las ocasiones especiales, hazme el favor de cogerlo tú mismo, pues mis viejos huesos llorarían amargamente si les privara de este bendito sol. - Dijo el viejo negociante con astucia - Ten cuidado con ese exquisito vino pues es fino y dulce como pocos y su olor acariciará tu nariz como sólo puedes haber soñado. Sin embargo su fuerza se esconde tras su dulzura, como si de una bella mujer se tratara, y si te apuras bebiéndolo padecerás el mismo dolor que si esa hermosa mujer hubiera roto su casco contra tu cabeza. - Y terminó la frase con una carcajada que Kan no pudo reprimir imitar- En cuanto a tu segunda petición... me la figuro - Dijo pícaramente el anciano - Supongo que quieres que te haga una rebaja en el precio para poder regalarle la botella a tu padre ¿No es así?

El viejo negociante escrutó la mirada del joven para ver su reacción y se asombró al descubrir una pura inocencia sumada a la firmeza de un guerrero acostumbrado a la lucha.

- No, el precio lo puedo pagar bien! - Dijo sonriendo y posando dos monedas de Oro encima del mostrador como pago por la botella - Lo que quiero es que me enseñes a hablar como tú.

Tal fue la sorpresa que esta afirmación causó en el anciano negociante, que se hubiera caído del cómodo banco en el que estaba recostado... si no fuera por que Kan reaccionó con los reflejos de Samurai y lo sujetó por los hombros.

- ¡ES INCREÍBLE! - Pronunció Otark - Llevo esperando más de cincuenta años a que mis hijos o mis nietos me hagan esa pregunta... y al final es un polluelo de Samurai quien me lo pide!

El joven Samurai no sabía si sentirse halagado o herido ante la afirmación del anciano, por si acaso acalló las palabras que iba ha proferir anunciando que ya era un verdadero Samurai, y en su lugar dijo.

- Naturalmente puedo pagaros, no pretendo que desperdiciéis vuestro tiempo... - Kan se sonrojó - Me haríais un gran favor si aceptarais enseñarme, os lo ruego.

-¡Qué dices! ¿Pagarme? Eres tú el que me haces un honor a mi. - Los ojos del anciano brillaban como en sus tiempos jóvenes - Debes saber que todos los hombres, al llegar a cierta edad, tenemos una necesidad imperiosa de enseñar lo que sabemos a alguien para que nuestros conocimientos y experiencia no se vean perdidos con nuestra muerte... Y yo hace ya mucho tiempo que la he alcanzado! Pero pasemos adentro y pongámonos cómodos, que todavía el día es joven y tenemos mucho tiempo para hablar.

La habitación era grande y espaciosa, una chimenea calentaba la estancia, mientras que el crepitar del fuego resonaba mezclándose con el suave olor, de las finas maderas, con las que Otark lo alimentaba. El conjunto de estas sensaciones, sumadas a la maravillosa visión de los azules y verdes estampados en los tapices que cubrían las paredes, sumía la habitación en un remanso de paz. La habitación carecía de ventanas, sin embargo una cristalera en el techo tornaba los dorados rallos del sol en hermosos dardos azules y verdes. El corazón de Kan reposaba tranquilo en su pecho mientras observaba tal belleza.

- Esta es mi sala mágica - comentó Otark mientras arrojaba los últimos troncos al fuego - aquí me relajo después de cada jornada y dejo que mi mente vuele libremente en busca de ideas que me permitan mejorar mi corazón y mi alma.

- No debe de ser difícil entre tanta belleza! - Exclamó asombrado Kan - ¡Debe de haberte costado una fortuna!

- Nada es demasiado caro cuando de alimentar el alma y el espíritu se trata, pues son la única parte de nosotros que perdurará una vez que se caigan estos harapos a los que llamamos cuerpo - dijo entristecido el anciano negociante - Pero ahora pongámonos cómodos, recostémonos sobre estos maravillosos cojines, que han sido rellenados a mano por doncellas chinas, usando para ello sólo las más suaves plumas de los patos más bellos. Y alimentemos nuestro cuerpo, deleitando a nuestro paladar con estos los más exquisitos manjares. Que yo alimentaré tu ansia de conocimiento mientras mi alma se reconforta con la visión de este, mi pequeño paraíso.

El joven Samurai se recostó como le mandó el sabio comerciante y tomando una exótica fruta probó su dulce néctar, aun sin apetito pues su emoción por los conocimientos a adquirir atenuaba cualquier otra emoción.

- Lo primero que has de aprender es a ordenar tus ideas. Sólo así podrás comunicar con claridad.

- Yo tengo las ideas muy claras - repuso Kan - o eso creo!

- Pues acabas de demostrarme lo contrario! Has de aprender a ordenar tus ideas pues existe una manera de exponer estas ideas de tal forma que penetren de la mejor forma posible en la mente de nuestro interlocutor. De la misma manera que una flecha surca el viento desde su arco hasta su objetivo, tus palabras deben surcar el aire desde tu boca hasta tu oponente. Y de igual manera que un experto arquero sabe abatir dos pájaros de un solo tiro, el experto negociador sabe alcanzar el cerebro y el corazón del que escucha con las mismas palabras. Kan estaba pensativo ¿Cómo se podía llegar a la razón de un hombre y al mismo tiempo a su corazón? ¿Cuál era la forma de ordenar sus ideas y convertirlas en palabras?

- Para ello has de seguir cinco pasos muy definidos con tus palabras – continuó el experto negociante - Escucha atentamente, primero de todo tendrás que obtener la total atención de tu interlocutor. Si no lo consigues tus palabras y tus razones caerán en la nada del olvido, en cambio, si logras atrapar la total atención de tu interlocutor, todo lo que digas será asimilado por su razón. Esto de por sí ya es un enorme logro, porque tú quieres que te escuchen ¿No es así?

- Sí maestro - Kan pronunció sin querer la palabra maestro lo cual se reflejó en una pequeña arruga de vergüenza en su cara, Otark sabio como pocos en el conocimiento del corazón de los hombres se enorgulleció ante su nuevo título y continuó .

-¿Qué harás después de captar la atención de tu interlocutor? - El anciano acalló con un gesto de su mano a su discípulo - Después has de despertar su interés... ¿Cómo ? existen mil formas, sin embargo la mejor y la más eficaz consiste en resaltar la mayor ventaja... ¿De qué?, de lo que obtendrá tu interlocutor si te hace caso ¿Por qué? Porque la atención es algo muy voluble, es algo que se puede atrapar con una frase, una pregunta... y que puede perderse por el simple batir de las alas de una mariposa. Por ello has de crear un interés que corroa por dentro a tu interlocutor, has de hacer que desee escucharte, que se sienta tentado, que quiera saber más... sino consigues esto entonces habrás perdido la batalla justo en su inicio pues habrá otra cosa que distraiga su atención; en cambio, si consigues despertar el interés en lo que estas diciendo... cada palabra que pronuncies será como una gota de agua para un sediento. Y absolutamente todas las razones que des serán escuchadas y analizadas una por una, con lo que si tu razonamiento es justo y veraz conseguirás calmar su sed y ¿Cuán grande es el agradecimiento de un sediento al cual le das de beber? Ahora has de tener cuidado, pues si el agua que le das está opaca o agria... sólo conseguirás que su odio sea enorme.

- Anciano, entonces... ¿Cómo puedo despertar el interés? – Preguntó Kan - Me dices sabiamente que debo hacerlo resaltando alguna cuestión importante para él, algún beneficio que vaya a obtener, algo que sea de su interés al fin y al cabo – Otark asintió con la cabeza en señal de reconocimiento - Pero... ¿Cómo he de hacer esto? ¿Acaso he de soltar un discurso previo a mi razonamiento?

- No pequeño Samurai , si así lo hicieras sólo lograrías hacer pensar a tu interlocutor que eres un farsante y un cuentista, con lo que te expulsaría de su lado al instante - El anciano hizo un violento gesto para resaltar este hecho - Tanto la atención como el interés has de despertarlos con una sola frase, cuanto más breve mejor.

El joven Samurai bajó la mirada, las palabras del anciano negociante eran sabias, pero como suele suceder con las palabras sabias eran complejas como pocas ¿Realmente se podía lograr lo que el experto negociante decía? Sin duda había que ser mucho más experto y conocedor en el corazón de los hombres para lograrlo, de lo que él lo era. Quizás cuando creciera un poco más lo comprendería.

- Kan! ¿No quieres llegar a ser un Samurai como tu padre? Si no te gustan mis consejos puedo callarme!

- Claro que sí anciano! Sólo estaba meditando – Otark se reía ostensiblemente - Por favor continuad , os escucho... – Continuó Kan vacilando ante la estruendosa carcajada del experto negociante.

De repente Kan se dio cuenta. ¡El anciano le había tomado el pelo! El muy astuto sabía cuales eran las dudas que azotaban su alma y las había despejado todas de un plumazo. Ahora era el joven Samurai el que se reía a pleno pulmón! Y eso que él había creído que era difícil! Era imposible estar más distraído de lo que él había estado en esos segundos, casi en estado de trance. Y con sólo pronunciar su nombre y dos frases el sabio anciano había conseguido abstraerle de sus pensamientos, capturar toda su atención y despertar su interés con un fervor que casi le había hecho rogar al experto comerciante que continuase su relato. Los dos reían abiertamente, el anciano negociante sentado sobre sus viejas rodillas y el joven Samurai tendido sobre los suaves almohadones chinos.

- Anciano! ¿Acaso queréis reiros de mí? – Contestó de repente Kan muy serio - Enseñarme más por favor, estoy deseoso de aprender... - Al momento el anciano acalló sus risas, tomó aire para hablar... y habría empezado a hablar si no se hubiera fijado en la gran sonrisa que intentaba ocultar el joven inútilmente.

- Diablos pillastre! Me has vencido con mis propias armas - El anciano no sabía si enfadarse o sentirse orgulloso por tener un discípulo tan avezado - Has utilizado mis propias armas para captar mi atención y despertar en mi el interés por hablarte! - y mientras se levantaba continuó diciendo - Ven aquí! Descansemos mientras comemos algo. Que mi viejo estómago me informa que no está lejos la hora de la comida y tengo aquí guardadas las más sabrosas viandas. Sin duda no has probado nunca dátiles tan sabrosos ni tan finos como estos, cuando los pones encima de tu lengua sientes como se derriten en tu boca dejando correr sabores por tu paladar como ni en tus más suculentos sueños habías imaginado ¿Quieres probarlos? Ten, coge uno - Dijo mientras le tendía la bandeja

Kan instintivamente cogió un dátil y se lo puso en la boca tal y como había dicho el anciano y cerró los ojos para saborear mejor los coloridos sabores que comenzó a notar en el mismo momento en que cerró su boca.

Al abrir los ojos encontró a un sonriente Otark sentado ante él . En ese momento se acordó de una cosa que había olvidado momentáneamente, los dátiles no eran plato de su gusto, hacía años que no los probaba y... sin embargo estos le habían gustado, lo más curioso es que no se había resistido a probarlos como usualmente estaba acostumbrado a hacer.

- Sí! - Pronunció el anciano con cara sonriente - Conozco tu aversión a los dátiles, sin embargo estos están rellenos de delicias y su sabor es totalmente distinto , estos mismos fueron los que tu madre te ofreció la semana pasada y que tu rechazaste durante horas a pesar de sus insistencias. Me lo contó tu padre hace dos días mientras me compraba un par de esas botellas de vino que tanto le gustan. - Entonces... - respondió el joven Samurai desconcertado - ¿Me has hechizado? ¿Qué truco has usado para engañarme? Pues no recuerdo que me forzaras, más bien al contrario cogí yo mismo el dátil de buena gana y lo probé esperando el maravilloso sabor que me habías prometido. Por favor explícamelo y... ¿Puedo coger otro?

El anciano le tendió la bandeja llena de dátiles por respuesta y Kan empezó a saborearlos distraídamente mientras escuchaba al anciano. - No he usado ningún hechizo mi querido aprendiz - Empezó el maestro - sólo he ordenado mis ideas y las he expuesto de tal forma que tú las has aceptado como una gran verdad, debido a que he conseguido llegar a tu cerebro y a tu corazón al mismo tiempo... o en esta ocasión a tu estómago que es un órgano muy parecido – Otark sonrió y Kan respondió con otra sonrisa mientras se limpiaba con la manga un reguero de dulce de su boca. - Si recuerdas mis palabras exactas lo primero que hice fue captar tu atención. - El anciano guardó un momento de silencio para que Kan pudiera recordar sus palabras exactas - Lo cual hice con un simple "Ven aquí!" Estas dos palabras captaron tu atención, y mis siguientes palabras despertaron tu interés - El joven Samurai las recordaba bien, eran "Descansemos mientras comemos algo" y asintió con la cabeza para darle a entender al anciano que las recordaba - Esas palabras crearon interés en ti porque llamaron a dos naturalezas básicas de todo ser humano, sea hombre o mujer, anciano o joven, que son DESCANSAR y COMER - pronunció resaltando las palabras con un gesto - a ti, naturalmente, te interesaba tanto el descansar como el comer, así que tu interés se dirigió hacia a mí intentado averiguar que era lo que te ofrecería... hasta ahí conoces los secretos que utilicé . - El experto negociante puso cara de complicidad - Pero el secreto que no conoces es qué hay que hacer después de despertar el interés en tu interlocutor - El anciano guardó intencionado silencio forzando a Kan a meditar sobre el asunto.

- Recuerdo que me dijiste que tú tenías hambre y que ya era hora de comer y que tenías comida guardada - Kan intentó descubrir el gran enigma que contenían esas palabras, sin encontrar más que simples palabras – No-sé maestro, sólo me diste razones por las que comer, no veo ningún secreto - El joven Samurai tenía una cara tan compungida que el anciano casi sentía remordimientos, pero quería que fuera él mismo quien lo descubriera, pues esta era una lección muy importante.

- ¡Ahí está el secreto! - Exclamó el anciano al fin - Una vez que has captado la atención de tu interlocutor y que has despertado su interés... debes convencerlo de que lo que dices es cierto, veraz, que tiene sentido y lo que es más! ¡Que tienes toda la razón del mundo! - Los ojos del anciano le decían a Kan que algunas veces la sabiduría no es más que lo cotidiano disfrazado de genialidad - Y.. ¿Que mejor forma para convencer que con razones? Por eso antes te decía que si para calmar la sed del interés de tu interlocutor utilizas aguas turbias y agrias sólo conseguirás que te rechace, porque si tus razones no son verdades, irrefutables, si escondes en ellas segundas intenciones o quieres dártelas de interesante haciéndolas complejas e inescrutables... sólo conseguirás que tu interlocutor desconfíe de ti, y te expulse de su lado, pues creerá que quieres engañarle... - la cara del anciano se volvió placentera y relajada, un ligero brillo teñía sus viejos ojos con una fuerza insólita para un hombre de su edad - en cambio, si le das de beber al sediento las aguas claras de la razón, si tus razones son verdades irrefutables, si sólo albergas buenas intenciones en tu corazón, y tus palabras son lógicas y razonables... calmarás la sed del sediento y su agradecimiento y amor por ti serán enormes, con lo que estará bien predispuesto para hacerte buen caso, pues reconocerá en lo más hondo de su cerebro, de su razón, que eres un hombre justo y que no albergas malvadas intenciones contra él.

Kan guardó silencio un segundo mientras meditaba las palabras del anciano, eran ciertas y sabias, ¡quizás más aun que las de su padre! El joven Samurai repasó mentalmente la manera correcta de expresarse. Primero había de captar la atención de su interlocutor, podía ser con una afirmación sorprendente, una pregunta llamativa... o simplemente pronunciando su nombre o con una frase común y corriente que hiciera que le escucharan, aunque sólo fuera momentáneamente, era todo lo que se necesitaba, realmente ¡había mil formas distintas! Llamativas, comunes, cortas, largas... y todas eran válidas! Sólo era necesario captar la atención ¡Y esto era muy sencillo en sí! Después sólo había que dar una razón a su interlocutor para que le escuchara ¿Y como se hacía esto? Sencillamente ¡¡¡Despertando su interés!!! Podía hacerse con una pregunta, con una frase positiva, incluso con un gesto! De mil formas distintas, aunque como le había dicho el anciano, para ello lo mejor era dejar entrever algún beneficio que el interlocutor obtendría si le escuchaba. Igual que cuando su padre le decía que si leía atentamente las antiguas escrituras Samurai conseguiría llegar a ser un verdadero Samurai, estas palabras siempre habían suscitado en él el interés y el ansia por leer esos escritos ¡Porque deseaba ser un verdadero Samurai! Sin embargo luego eran los escritos los que realmente le enseñaban las expertas artes de los Samurais y la frase de su padre no era más que un anzuelo que le hacía picar y enredarse en el sedal de la sabiduría y el conocimiento. De la misma forma que el despertar el interés del interlocutor sólo era un anzuelo para que este escuchara con ansia las razones y la explicación de lo que tanta curiosidad le despertaba. Estaba claro que el objetivo de captar la atención del interlocutor estaba sólo en lograr que este escuchara la frase que iba ha despertar su interés... el interés no era más que un sutil anzuelo mental para conseguir que su interlocutor escuchara su razonamiento.

Tenía mucha lógica, pues muchas veces mientras había estado explicando las ventajas de ser Samurai a algunos candidatos... estos se habían marchado dando excusas que Kan creía haber dejado claras. La razón de que esto fuera así es por que no tenía ni su interés ni su atención, con lo que sus palabras caían en alas del viento sin surtir ningún efecto. Desde ahora recordaría y aplicaría estos tres pasos fundamentales antes de expresar sus ideas en voz alta!

- Creo que lo he entendido al fin - Dijo kan después de pasarse muchos minutos meditando sobre las palabras del anciano - Por fin sé como expresarme de forma lógica y ordenada. ¿Ya lo he aprendido todo maestro?

- Si has aprendido esto - respondió pacientemente el sabio negociante - sin duda sabes ya más sobre como hablar y convencer a los hombres que muchos grandes hombres de ciencia. Hasta ahora has aprendido a hablar a la razón de los hombres, que es la que rige sus pensamientos y sus ideas, sin embargo lo que rige las acciones de los hombres no es su cerebro, sino su corazón. Todos los hombres somos esclavos de nuestros sentimientos, ellos rigen cada una de nuestras acciones y son los que deciden lo que realmente hacemos... aunque no lo queramos reconocer y pretendamos dejarlos de lado, hemos de recordar que el corazón es quien bombea la vida dentro de nuestro cuerpo y... cuando este deja de latir... nuestra vida se acaba inmediatamente. De la misma forma rige también nuestras acciones. Podrás ver a un hombre realizar acciones contrarias a sus ideales, como servir como un esclavo, luchar por un señor por el que no cree o incluso vestirse con ropas que considera inapropiadas... pero nunca veras a un hombre ir contra sus sentimientos sin sufrir hasta el extremo. Puedes ver a un hombre matar a un enemigo contra el que no tiene nada, incluso si matar va contra sus creencias morales, pero nunca le podrás ver matar a aquellos a los que ama. Puedes ver a un hombre soportar hambre y sed sin hacer nada por considerar que robar es injusto, sin embargo le veras robar y matar si hace falta si los que pasan hambre son sus hijos. Puedes ver a un hombre poderoso y sólo creer que es afortunado, sin embargo es infinitamente más feliz la madre cuyo único tesoro es su hijo recién nacido. Quítale sus posesiones a ese hombre y te insultará y retara, quítale su hijo a esa madre y te matará. - Kan escuchaba con la boca abierta ante las duras palabras del anciano maestro. Al ver la sombra de la duda en la cara del joven Samurai , el sabio anciano decidió ponerlo a prueba.

- Dime Kan, si vieras desde la lejanía que unos bandidos están abusando de una mujer... ¿Qué harías?

- Sin duda los atacaría para rescatarla y ayudarla - respondió convencido el joven Samurai.

- Bravo por tu parte muchacho! ¡Muchos hombres más maduros y fuertes que tú huirían temiendo por su vida! - El anciano estaba orgulloso ante la respuesta del joven - Ahora bien, si los bandidos estos fueran treinta, todos fuertes, robustos y armados... y por alguna casualidad del destino tú no portaras arma alguna... ¿Qué harías?

- En ese caso, lo más prudente y eficaz sería correr a pedir ayuda y a armarme, pues de nada serviría muerto y en el suelo a esa pobre mujer - los ojos del joven Samurai se debatían incómodamente por la habitación por los derroteros que estaba tomando la conversación. Otark presuroso acabó de grabar a fuego la dura lección en Kan.

- Y dime Kan... si descubrieses que esa mujer era tu madre ¿Qué harías? ¿Seguirías huyendo como un cobarde?

- NO! - Kan se levantó de un salto indignado - cogería un palo, una piedra, lo que fuese... ¡Y LOS MATARÍA A TODOS! - El odio forjaba los ojos y el alma de Kan como nunca antes había sentido. En ese momento se sentía capaz de enfrentarse a esos treinta hombres y acabar con todos uno a uno.

- Muy buena respuesta Kan - Dijo el anciano mientras tranquilizaba al joven cogiéndolo por un hombro - relájate, sólo es una suposición...

- dijo mientras sentaba al joven Samurai - Ahora dime honestamente... ¿Cómo acabarías con ellos?

- Pues... - El rubor de la impotencia teñía las mejillas del discípulo - honestamente no lo sé anciano, seguramente moriría - las lágrimas brotaban de los ojos del joven - pero te aseguro que por mucho que mi razón me indicase que lo más seguro para mi y para mi madre es correr y pedir ayuda... te aseguro...- y acabó de decir mientras alzaba y apretaba fuertemente su puño derecho - te aseguro que me enfrentaría a todos ellos aunque me fuera la vida en ello.

- Y con esa decisión puede ser que hasta lograses vencerles - pronunció el anciano realmente impresionado por la increíble furia contenida en la usual inocencia del joven - Siento haberte hecho pasar por esto, pero... ¿Ahora entiendes que realmente es el corazón quien rige nuestros actos? Puede ser que la razón te ordene algo... incluso que esto sea lo más conveniente, sin embargo acabarás haciendo lo que tu corazón te ordene. Por eso ningún hombre puede traspasar el desfiladero de las Beldades...

Kan quedó sorprendido y pensativo a la vez. No existía duda alguna, era el corazón el que tomaba la decisión final... si se conseguía que el cerebro y el corazón estuvieran de acuerdo... el convencimiento era completo, y no sólo el convencimiento, sino también el deseo. Realmente poder convencer a alguien de algo y después hacerle desear ese algo... era un poder muy grande... y muy útil! Con este poder se podría lograr lo que se quisiera en cualquier campo de la vida! Realmente deseaba saber más...

- Entonces anciano - dijo pensativo el joven Samurai - después de convencerme de que era hora de comer, me hicisteis desear lo que ofrecías hasta tal punto que olvidé todas mis reservas por los dátiles y los comí sin pensar...

- Así es, primero capté tu atención, después desperté tu interés diciéndote que íbamos a comer algo, a continuación te convencí de que era hora de comer y a continuación te hice desear la comida que te ofrecía.

- Entonces la parte más importante de todas... - preguntó dudoso Kan - ...es la de despertar el deseo?

- Eso es! - contestó orgulloso Otark - Descubre cuál es el deseo de un hombre y minarás su libre albedrío.

- Descubre cuál es el deseo de un hombre... - repitió lentamente el joven Samurai para grabar esta frase en su mente - y minarás su libre albedrío... ¡Pero este es un don fabuloso! - Exclamó entusiasmado - ... ¡Y muy peligroso!

- Estaba esperando a que dijeras eso Kan - el sabio estaba sentado muy serio frente al joven Samurai - esto que te estoy enseñando es un poder enorme, el poder de dirigir a los hombres, el poder de minar su voluntad para que realicen lo que tu deseas... debes tener mucho cuidado al utilizarlo. Sólo los más puros de corazón han de utilizar este poder en caso contrario se convertirían en déspotas, en dictadores. Pues aunque para llegar a controlar totalmente este don que hoy te estoy enseñando necesitarás años de experiencia, durante los cuales habrás de practicar esta forma de expresión en cada una de tus conversaciones... si lo utilizas con fines nefastos, tarde o temprano se volverá contra ti y tendrás masas de personas contra ti. En cambio, si lo utilizas sólo para el bien, para ayudar a los demás, para guiar a los que necesitan guía, para aconsejar sabiamente a aquellos que necesitan consejo, para ayudar a otros a cumplir sus sueños y ambiciones... si así lo haces pequeño Kan, algún día, dentro de algunos años llegarás a ser un hombre entre los hombres, muchos serán los que te seguirán y tu voz será aclamada por las masas. Tu éxito será mayor del que puedas imaginarte y miles de hombres pronunciarán tu nombre con respeto y admiración. Al principio serán sólo unos pocos, después el número irá creciendo progresivamente... y al final podrás gobernar reinos, dirigir ejércitos o cualquier otro objetivo que te propongas, pues por cada persona que conviertas a tu causa tu poder se doblará . Sé que en tu ejército soleis decir "Siete Samurais pueden mover el mundo", y es cierto, ahora imagínate el poder de Cien Samurais, de Mil Samurais, de Diez Mil Samurais... ¿Qué no pueden hacer Diez Mil Samurais? El don que hoy te doy te permitirá dirigir a más de Diez Mil Samurais... ¿Es eso lo que deseas?

- Sí SÍ! - Kan se levantó de un salto, sin saberlo Otark había conseguido descubrir su sueño - Eso es lo que deseo y ese es mi objetivo, reclutar, formar y adiestrar al más grande ejército Samurai de todos los tiempos. Llegar a ser conocido por mi poder y amado por mi generosidad y mi justicia. Maestro! - Dijo sentándose – sé que no me lo has contado todo. Yo ya sé que es necesario despertar el deseo para lograr que mi interlocutor haga lo que yo quiero, sin embargo no sé como hacerlo ¿Cómo se habla al corazón de los hombres? - Eso es muy fácil jovencito - Otark sonreía ante la pregunta de Kan, esta parte quería haberla guardado para otro día pero el joven Samurai era más avispado aún de lo que el anciano había calculado - El deseo es una frágil planta que nace en el campo del convencimiento, si este campo es frágil e insano la planta crecerá mustia hasta morir en forma de desilusión y amargura... si por el contrario este campo esta bien formado y es fértil, la planta crecerá hasta convertirse en un poderoso roble. Para ello, después de crear un sólido convencimiento con unas razones lógicas y unas verdades irrefutables, habrás de plantar primero la semilla del deseo, primero habrás de hacer que tu interlocutor imagine perfectamente el objeto o la situación de la que le hablas, apelando a todos sus sentidos. Si es una fruta descríbesela... y hazlo de una forma que resulte insinuante, apetitosa, no es lo mismo decir "una manzana en el árbol" que da una idea vaga de la fruta, que decir "En el árbol reposa una hermosa manzana, roja, apetitosa, madura. El viento la mece suavemente mientras esparce su agradable aroma por el verde campo. Repleta de vida espera pacientemente a que algún paladar audaz disfrute de su maravilloso néctar. Mientras tanto su suave piel rojiza acaricia a sus hermanas". - El joven Kan se relamió ante la descripción de su sabio maestro, el cual al ver la reacción de Kan continuó sonriendo - Una vez que le has hecho imaginar bien el objeto o la situación has de hacerle imaginar que disfruta de él "Ahora imagina que coges esa apetitosa manzana entre tus manos, siente su suave piel contra el borde de tus labios, su dulce aroma acaricia tu olfato haciéndote desearla, miras la manzana, es grande y roja, parece una fuente de vitalidad, por fin la muerdes, con fuerza, con ímpetu. Y un maravilloso néctar inunda tu boca, su sabor hace estremecer tu paladar, su pulpa de deshace poco a poco en tu boca haciéndote disfrutar como nunca antes has disfrutado comiendo. Sientes como su vigor penetra en tu cuerpo devolviéndote la fuerza y ves como tus músculos recuperan su fuerza" - El anciano se acercó al armario y cogiendo una hermosa manzana se la lanzó al pobre Kan que estaba literalmente babeándose ante la descripción del anciano maestro, enseguida la agarró al vuelo y la devoró a grandes bocados mientras el anciano negociante se reía a carcajada limpia. - Pues bien, se supone que antes de decir esto le has convencido de que las manzanas son buenas para el cuerpo, después le describes la manzana haciendo que se la imagine y ha continuación haces que se imagine disfrutando de todo aquello que puede suponer una ventaja para él. En ese momento has logrado despertar el deseo, has logrado hablar a su corazón y este te ha escuchado, ahora que su corazón te está escuchando es cuando debes hablarle finalmente para hacer que realmente haga lo que deseas... "¿Te imaginas a tus hijos disfrutando de estas manzanas? Si a ti te ha hecho disfrutar así, si te ha hecho tanto bien a ti... ¿Qué no hará por ellos? ¿Y qué padre no quiere que sus hijos disfruten de la mejor comida para que crezcan sanos y fuertes? ¿Te imaginas lo contentos que se pondrán cuando les des una manzana a cada uno y la prueben? ¿Te imaginas sus caritas de agradecimiento? ¿Sientes como te abrazan con sus brazitos? y te dicen... "Te quiero papa!" -

- Es decir - interrumpió el joven Samurai - que ahora doy donde duele ¿No es así?

- Bueno... - el anciano se reía de la bastedad de Kan - Más o menos, puedes decirlo así... - Sus carcajadas resonaron por toda la habitación - lo que quiero decir es que después de haber despertado el deseo tienes que hablar directamente a los sentimientos, amor, fraternidad, amistad, familia... lo que realmente importa en la vida. De esa forma quedará totalmente desarmado.

- ¿Y después? – Preguntó curioso el pupilo.

- Bueno, hasta ahora has llamado su atención, has despertado su interés, le has convencido de que lo que dices es cierto, le has hecho desear los beneficios que obtendrá haciéndole imaginar y vivir estos beneficios y al final has hablado directamente a su corazón para aunar la fuerza de la razón, el deseo y el amor a tu favor, así que ahora sólo te queda... - el sabio hizo una pausa dramática y utilizando un cojín por espada azoto con él a su joven pupilo mientras exclamaba - REMATAR!

Kan pillado por sorpresa se encontró tendido en el suelo, derribado de su asiento por un enorme cojín de plumas que se rompió en el impacto provocando una lluvia de plumas suaves y blancas como la nieve que se dispersaban lentamente por toda la habitación.

- Parece que a mis 92 años todavía puedo vencer a un joven Samurai!!! - Exclamó riéndose Otark.

Por respuesta el joven Samurai estalló en unas enormes carcajadas que le hicieron atragantarse con un puñado de plumas.

- ¿A qué te refieres con rematar? - Preguntó por fin Kan cuando consiguió recuperar la respiración.

- A que hasta ahora has comunicado tus ideas a tu interlocutor para conseguir que haga alguna cosa... así que es hora de decirle que lo haga. - ¿Y cómo hago esto? Supongo que es la frase más delicada de todas - exclamó convencido el joven pupilo mientras sacudía las últimas plumas de su kimono.

- ¡Que va! es la más temida... y la más fácil – contestó sinceramente el anciano - Solamente has de decirle que lo haga de la forma más natural del mundo. Date cuenta que su razón está convencida de que es justo, él desea hacerlo o poseerlo, y su corazón siente que tiene que hacerlo... - La conclusión era tan lógica que dejó que fuera el propio Kan quien acabara la frase.

- Así solo falta darle el último empujoncito moral para que lo haga... - el alumno estaba sorprendido por tal sencillez - ¡Cómo cuando con los dátiles me dijiste simplemente... Coge uno! Yo creía que era lo justo y deseaba hacerlo, así que simplemente reaccioné ante tu orden sin pensar y lo cogí.

- Exacto, en el ejemplo de las manzanas, si las estuvieramos vendiendo a un padre simplemente le preguntaríamos... ¿Cuantas quieres? ¿Sólo seis o toda una docena?

- Es decir - repuso el joven – le dejamos que decida.

- No! Eso nunca! Si no quieres arriesgarte a echar todo el trabajo a perder! - Exclamó el experto negociante - Nunca has de dejarle decidir directamente, naturalmente que es él quien decidirá. Sin embargo para muchas personas tomar hasta la más pequeña decisión supone un terrible esfuerzo. Lo que debes hacer son dos cosas, o simplemente decirle que lo haga... o mejor aún, darle a escoger entre dos opciones, así sentirá que es él el quien manda... aunque realmente serás tú quien impondrás las condiciones. Por ejemplo si le dices ¿Quieres este o prefieres este otro? Le inducirás a que escoja uno de los dos - Y añadió después de una breve pausa - Normalmente escogerá la ultima opción sólo por que es la que mejor recuerda - sonrío al decir esto - y algunas veces la primera por sentir que es él quien domina. Lo importante es que habrás conseguido lo que quieres. En mi caso realizar una venta más, en el tuyo... que un soldado cumpla órdenes o que pegue un salto, no sé lo que hacéis exactamente los Samurais... – acabó de decir con un encogimiento de hombros.

- Realmente Otark. - contestó Kan muy serio - Lo que usualmente hacemos es lo mismo que hoy hemos hecho tú y yo - una mueca de incredulidad cubrió el rostro del anciano - nos pasamos las tardes enseñándonos unos a otros lo que sabemos, pues es la única manera de mejorar como Samurais y como personas. Naturalmente también practicamos muchos sanos ejercicios y aprendemos y entrenamos con nuestras armas. Sin embargo creemos que la mayor arma que puede poseer un hombre es su cerebro - El anciano aprobó con un gesto positivo esta afirmación - así que nos pasamos todas las tardes reunidos enseñándonos mutuamente lo que sabemos para mejorar, algunas veces los más jóvenes contamos lo que hemos aprendido, aunque usualmente son los más ancianos y veteranos Samurais los que se sientan delante de hasta veinte jóvenes aspirantes a Samurai y les enseñan todo lo que saben para que estos jóvenes se conviertan en verdaderos Samurais. Normalmente la gente piensa que para ser un verdadero Samurai tienes que ser un hombre robusto con grandes músculos y gran vitalidad, sin embargo lo que define a un verdadero Samurai es su sabiduría y su gran corazón. Yo mismo que sólo tengo doce años soy un Samurai reconocido - La cara de sorpresa de Otark no podría ser mayor si se le hubiera aparecido un fantasma, miró la empuñadura de la espada katana del joven y reconoció las marcas dorado-plateadas que le identificaban como un verdadero Samurai - Hace poco que lo conseguí y soy el más joven Samurai que existe. Sin embargo soy una muestra de que se puede uno convertir en un verdadero Samurai a cualquier edad! - Kan miró fijamente al anciano como si se le acabara de ocurrir - Tu mismo a tus 92 años de edad podrías convertirte fácilmente en un Samurai. Imagínate! El más anciano y sabio Samurai! Sin duda te pasarías las tardes sentado bajo el cielo azul sobre un verde campo, dejando reposar tus viejos huesos al Sol mientras veinte jóvenes aprendices escuchan atentamente tus enseñanzas. ¿Te imaginas sus caras de admiración después de cada frase? ¿Eres capaz de escuchar sus susurros alabando la sabiduría de su maestro? ¿Acaso no desea tu corazón enseñar todo lo que sabes? Si quieres yo mismo puedo hacerte Samurai. ¿Quedamos mañana y te enseño el campamento? ¿O puedes esta misma tarde? Todavía quedan unas horas de luz - Terminó de decir mientras se levantaba de los cómodos cojines y alargaba la mano para ayudar al anciano a levantarse.

- Sí, todavía quedan unas horas de luz - exclamó el viejo negociante mirando la colorida cristalera del techo cuando de repente se quedó totalmente paralizado.

- ¡Serás pillastre Samurai mal nacido! - Exclamó riendo Otark - ¡¡¡Pues has vuelto a liarme con mis propias artes!!! - Kan se reía por lo bajo intentando que no le viera el anciano - Bueno, desde un punto de vista técnico tendrás que pulirte un poco más, la fase de atención ha estado bien, el interés ha sido perfecto - dijo poniendo cara de maestro severo - en cuanto a tu razonamiento, tienes que aprender a ordenarlo un poco mejor, aunque no está nada mal para un principiante de doce años... y cuando despiertes el deseo describe más, llama más a los sentidos. La cuestión de hablar al corazón es mejorable aunque ha sido eficaz. Eso sí! Ha estado muy bien eso de dar por sentado el remate, levantarte y tenderme la mano, invita a la acción y eso es muy bueno. Y ahora - dijo mientras recogía una capa de su armario vamos corriendo al campamento mientras haya luz, que me has metido ganas de ser el Samurai más viejo del mundo... y de enseñar a todos esos aprendices... - y añadió mientras golpeaba el hombro del joven con una fuerza insólita para su edad - ¡Vaya como aprendes pillastre! - Es que he aprendido del mejor! - Respondió Kan con una sonrisa mientras se frotaba su dolorido hombro.

- ¡No me pongas excusas Samurai! – pronunció el sabio Otark mientras miraba fijamente a los ojos a Kan - Se que vas a llegar mucho más lejos de lo que nunca nadie ha logrado, sólo quiero pedirte una última cosa. Nunca utilices lo que hoy te he enseñado por egoísmo o maldad, acabaría destruyéndote desde dentro. Utilízalo para ayudar a los demás, para empujarles a conseguir sus objetivos y a ser totalmente felices en la vida. Si así lo haces conseguirás ser el hombre más poderoso del mundo. Un hombre puede llegar a ser aquello con lo que sueñe sólo si trabaja todos los días por ello. Cara hora, cada segundo has de trabajar para conseguir tus objetivos. Prométeme que lo harás así y que cada día intentarás organizar tus ideas para expresarlas como hoy te he enseñado. Puede que al principio cometas muchos fallos - dijo quitándole importancia al asunto con un gesto de su mano - sin embargo, al final harás que esta forma de expresarte sea parte de tu ser, y poco a poco los que te rodean te mirarán con mejores ojos, con más amor y te verán como una fuente de sabiduría, como un modelo a tomar. Entonces te seguirán allí donde tu digas, serán miles los que acudirán a escuchar tus discursos. ¿Eres capaz de imaginarlos? ¿Eres capaz de ver a la muchedumbre ansiosa por que les hables? ¿Eres capaz de imaginarte dándoles ánimos, motivándoles y hablando a sus corazones? ¿Oyes su rugido contestándote? ¿Sientes el latir de sus corazones apoyándote? ¡No les decepciones! Anímales, Motívales, Haz que sean más felices y que trabajen para cumplir sus objetivos en la vida. Y sobre todo demuéstralo en tu propia carne, no dejes pasar un día, ni una hora, ni un segundo en que cada fibra de tu ser trabaje para conseguir aquello que deseas. ¡¡¡HAZLO ASÍ SAMURAI!!! ¡¡¡ACTÚA!!! Y conseguirás todo aquello que deseas!

Kan miró a Otark con los ojos inundados de lágrimas, su corazón latía salvajemente en su pecho y sentía correr por sus venas un poder infinito, en su mente tenía los conocimientos y la voluntad para encauzar este poder. A partir de este momento viviría para cumplir sus objetivos, tenía un objetivo en la vida, el de ser él hombre más poderoso, más justo, más sabio y más amado que nunca hubiera existido. Y juró por lo más sagrado que así sería


Manual Samurai Capitulo 11

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